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Toros

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Este lugar es antitaurino

lunes, 27 de enero de 2014

Carta abierta a la Junta de Castilla-León, sobre su respuesta a las protestas contra el Toro de la Vega.


Muy señores y empleados, que no amigos, míos:

A determinadas protestas que se les ha enviado contra la barbaridad contemporánea que representa el alanceo y matanza del Toro de la Vega, han contestado desde el correo “espectáculos.publicos” de la Junta de Castilla-León con un curioso texto, de esos que pasman hasta a quienes (afines al budismo pacifista) no quieren indignarse. Y, en uso del derecho a la libre expresión, a la libre ciudadanía, al libre pensamiento, y a la creencia pacífica, su escrito me ha impulsado, me ha exigido, me ha arrebatado, me ha enfebrecido… en dirección a  comentarlo, tan públicamente como público es el escrito de Ustedes..

De entrada me permito expresar que la prepotencia y exigencia de las leyes, desde que los neandertales dejaron este mundo y apareció el “hombre sabio”, tiene que ceñirse más a la ética social y universal que a una simple obligatoriedad que muchas veces, o al menos algunas, enmascara curiosamente la ausencia de Justicia en su aplicación. Las leyes están para mejorar el mundo, no para empeorarlo y mucho menos para defender violencias existenciales obsoletas, que permiten liquidar vidas ajenas, cuando ninguno querríamos sufrir ese destino en las vidas propias.

Y ahora, su escrito:

Mire usted, señor asesor legal de la Junta que al parecer envía este escrito: Ya sabemos que los espectáculos crueles y sangrientos en festejos públicos están excluidos de las leyes generales de protección animal (que tampoco es que protejan gran cosa). Lamentablemente, las leyes no las hago yo, que creo en la Justicia para Todos, ni intervengo en su creación, así que algunas parece que quien las elabora tiene primero presente su antojo, el de los suyos, el de su pueblo o el de su región, o lo que gusta a unos pocos, o lo que quiere de forma puramente emocional, incluidos festejos de tortura a animales, como si la sobrevivencia dependiera de participar en un jolgorio alienado sangriento, y no se pudiera vivir dignamente una vida serena, tranquila, pacífica, progresiva, evolucionada y moderna, productiva y protectora del planeta y de todo lo que contiene, que es lo que todos queremos, menos –al parecer- algunos.

El hombre primitivo reaccionaba únicamente ante sensaciones: frío, calor, vida, muerte, procreación, caza para comer y empezó a bailotear para amistarse con supuestas deidades dueñas del trueno y el rayo, y que sus meneos les convencieran de protegerles. Festejos nacidos en las edades más irracionales, que pasaron a un medievo triste, mísero, arriesgado, peligroso, insalubre y agresivo en el que las fiestas daban la nota absurda de permitir  que cualquier mendigo se creyera rey por un día (los reyes, los nobles se divertían y mucho, bailaban, reían, cazaban y no por hambre). Y los festejos aumentaron su importancia compensadora de miserias reales. Y algunos de ellos, generalizados, han ido arrastrando su rechazable contenido siglo tras siglo. Pero ¿eso les da carta de Justicia? No, eso simplemente alienta la peor herencia de los siglos oscuros, ese “panem et circenses” que inventaron los romanos para acallar a las turbas.
Pero las sensaciones, en la evolución humana, se cambiaron en emociones y las emociones en sentimientos. Y, por tanto, la brutalidad se transformó en tolerancia y la tolerancia en respeto.

Pero voy a su texto: dice que el Reglamento que cita considera que “como principio general, dispone de forma expresa la ausencia de maltrato a las reses de lidia”. Ahí va, pero qué ciega y sorda resulto estar yo, pobre de mí: si me pareció que al Toro de la Vega lo alanceaban constantemente en su recorrido, con toda saña y persecución. Claro que el que un pobre animal, acosado por turbas, en territorio desconocido, sin posibilidad de huida, sea constantemente alanceado, sintiendo que su vida se escapa por cada herida, que su potencia vital se le arrebata con su sangre, mientras puñados de predadores perfectamente pertrechados lo rodean y machacan, entra en el principio general de “ausencia de maltrato a las reses de lidia”, y ello después de haber artificialmente creado el toro con ese único fin. Iré a revisarme la vista y el oído, pero, la verdad: no es que lo haya visto yo ser torturado y matado, lo ven miles de personas.

Dice usted: “cuando se suelten tres o más reses…por el campo…el organizador deberá disponer de servicios especiales de control PARA TRANQUILIZAR O INMOVILIZAR LAS RESES DE LIDIA… en situaciones de especial riesgo o CUANDO LA INTEGRIDAD FÍSICA DE LAS RESES ASÍ LO EXIJA” (el resalte de mayúsculas es mío). Pues, señor mío, ahora además de ciega y sorda, he debido perder el entendimiento:

Primero: Yo no hablo de, ni el Toro de la Vega es, más que un toro al que torturan, no tres toros o más. Así que, ¿para qué indica dicho texto?

Segundo: Ahora entiendo la tortura: Claro, muy “lógicamente” ustedes lo alancean, sangran, aturden y finalmente matan para “tranquilizar” a la res afectada (Vulcano y sus matados antecesores) y eso lo hacen, qué previsores, por considerar que el festejo es una situación “de especial riesgo” ¿para quién? Porque vamos, ya he recuperado la razón pensante y no es posible que “LA INTEGRIDAD FÍSICA DE LAS RESES(la mayúscula la pongo yo) EXIJA que las torturen precisamente para salvaguardar su “integridad física”.

Y, ya recuperada totalmente mi razón, leo “…encarga al presidente del festejo su control, siendo una de las causas de la suspensión del mismo, el que las reses sean objeto de trato cruel” y más, que debe “… el director de lidia… controlar el trato adecuado de las reses y, en su caso, proponer al presidente la suspensión del espectáculo”. De manera que su Reglamento defiende (primer párrafo citado) el control del festejo y su suspensión si las reses son objeto de trato cruel. ¿Y qué he visto yo en televisión sobre el festejo de Tordesillas, caricias con banderitas?

Pues usted me explique qué es trato cruel: Usted me explique las diferencias entre la tortura de Schnauzi y la de Vulcano. ¿Que aquélla la efectuó una persona? ¿Que para hacer eso, y estará usted de acuerdo como todo ciudadano, había que ser un paranoico de sentidos, vida y finalidades trastornadas? Claro. Y la tortura del Toro de la Vega, se planifica (como planificó la suya el torturador citado), se inicia (ídem), se desarrolla sañudamente (ídem), se le da toda la publicidad posible (ídem) y se finaliza con la muerte del torturado (ídem). ¿Que el individuo trastornado actuó en días sucesivos, grabando las torturas? Pues en Tordesillas se actúa un solo día, pero en banda, turba y desenfreno, con tortura continuada y muerte final, y ello año tras año en continuidad, con uso de violencia y agresión contra un animal. ¿En qué se diferencian?

Pues en que, muy justamente se ha utilizado la ley para perseguir la actuación individual del torturador trastornado. Y muy arbitrariamente, se utiliza la ley para impulsar y defender la actuación festiva maltratadora. Sólo en eso, que ya es mucho. Por suerte, legislación y JUSTICIA no son uno y lo mismo.

Y, como dice usted, por si esto no fuera suficiente…”  “…en todos los espectáculos taurinos populares queda prohibido herir, pinchar, golpear, sujetar o tratar de cualquier modo cruel a las reses… infracción grave (es) la crueldad con las reses de lidia que provoque su inmediata muerte o EL MALTRATO DE LAS MISMAS” (mayúsculas mías), ¡Huy!, diría yo, qué alegría que este funcionario no hace más que darme razones contra el festejo sangriento… pero es que se reservaba la traca final:

“Lo establecido en el párrafo anterior se entiende sin perjuicio de la posible realización de aquéllas acciones físicas que haya que efectuar sobre las reses de lidia tendentes a garantizar la seguridad e integridad los participantes, el desarrollo del espectáculo o aquellas que, excepcionalmente, sean inherentes a la celebración de un espectáculo taurino tradicional de los previstos en… este Reglamento”.

Pues muy agradecida, empleado mío y del resto de la población, por tan completa información. De la misma, concluyo que un 95% es meridianamente entendible en contra de la tortura, la agresión y los malos tratos a los toros. Y entiendo que se ha divertido usted mucho dando tanta “garantía” para dejar para el final un restante 5% (cuando el lector no iniciado en la jerga administrativa se ha cansado de leer) y que es lo único que su Administración quiere realmente decir:

Que pueden hacer la violencia física que se quiera sobre un toro (animal taxativamente excluido de las leyes generales de Protección Animal), con tal de que sea un festejo, en cuyo caso SE PUEDE IMPUNEMENTE TORTURAR Y MATAR, POR DIVERSIÓN. ¡Por diversión, dios de los cielos!

Señor mío, el que escribió la información. Si yo hubiera sido usted, o cualquier interviniente en el Toro de la Vega  (cosa imposible, por otra parte) y si yo hubiera sido creyente (que tampoco es el caso, con mi mayor respeto al eventual ser superior, si existe)) me estaría en estos momentos dando golpes de pecho de arrepentimiento, tan sólo pensando en la posibilidad de una vida después de la muerte en la que a todos los intervinientes en estos sucesos de sangre y muerte, sus acciones se les hayan de demandar por un Ser Superior, que juzgará sus acciones. Y sólo de ponerme en esa tesitura me estremezco de pavor.

Pero, vamos, resumiendo: que nada de lo que dice puede defender el alanceo y muerte del Toro de la Vega, ni de ningún festejo con maltrato a animales.

Sara Téllez
Para ACMAT-CERO


Enero 2014


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lunes, 20 de enero de 2014

QUÉ DIFÍCIL ES SER DIOS

Leí, hace mucho tiempo, una novela de anticipación (escrita por los hermanos Strugatsky) cuyo título es “¡Qué difícil es ser Dios!, que resumo al mínimo: una sociedad feudal, metida en batallas, matanzas, traiciones y enredos, es vigilada –y escasamente tutelada- por un puñado de gente alienígena. Tanto los no-evolucionados pobladores del planeta (que muy bien podían ser, más bien, humanos involucionados), como sus vigilantes, son personas (quizá se trataba de una cuestión de viaje en el tiempo, o de un planeta humano aún semi-salvaje, siendo estudiados los habitantes por sus congéneres extraterrestres más evolucionados, no recuerdo) fisiológicamente como los humanos actuales. Pero lo que del propio título se deduce es que: o los humanos (normales) somos genéticamente unos bárbaros incapaces e irracionales; o que cualquiera, por el simple hecho de tener disponibilidad del Poder (de donde quiera que provenga el mismo) puede hacer con ellos/nosotros lo que quiera, como quiera y cuando quiera. Como ocurre, diariamente, con los animales, sometidos a un Poder inmisericorde: el nuestro.

En otra ocasión, leí otra larga novela de ficción-anticipación, cuyo fondo excedía con mucho la aventura, la socialización de algo imaginado, la invención futurista: Para hundirse en una historia casi macabra, filosófica, triste, con un velo símil religioso, que resumo también al mínimo. Se llama “El Mundo del Río” (Philip José Farmer). En ella, en una sociedad “normal”, moderna, las personas se mueren como suele ocurrir. Siguiendo a un personaje, el mismo muere y se reencuentra a sí mismo, en un despertar, vivo junto a un río. Nada le es familiar. Hay un entorno natural, agresivo y raro, hay gente dispersa y confusa como él, renaciendo o que ya lleva allí (¿reencarnada, rediviva, recuperada, clonada?) poco o mucho tiempo. No hay recursos para intentar nada, para hacer nada. En el curso de cada día, unas máquinas dispensan una papilla, que es lo que come la gente. La sociedad es caótica, basada en el abuso, la violencia, la agresión, la autodefensa. La gente muere… y vuelve a renacer en otro sector del río, hasta que otro de sus bárbaros iguales les mata y vuelta a renacer otra vez en otra orilla. No hay más que hacer que usar burdamente los instintos primitivos, sin objetivo alguno. Nueva muerte, nuevo renacer. Y así, una vez tras otra.

Por supuesto, la narración da indicios de que “alguien” dirige desde fuera (un Gran Hermano cualquiera pero externo a esa sociedad) ese renacer, luchar, sufrir, morir, renacer otra vez…  que no se acaba. No viene al caso el periplo del personaje a lo largo del curso de ese Río de la vida o de la muerte. En todo caso, lo que cuenta es la aparente imposibilidad de extinguirse de una vez y descansar. Sabiendo que, por lo que parece, la injusticia… no tiene final. Como no tiene final la injusticia que cometemos nosotros, como seres miserablemente superiores, con los animales.

Son dos casos de “libertad vigilada”de sociedades humanas injustas, esto es, una libertad inexistente y una existencia aleatoria. Puesto que, en ambas situaciones, los “indígenas” no son más  que especímenes de laboratorio humanos, con mayor o menor tratamiento invasivo, pero siempre servidores ignorantes e involuntarios de los planes de esos“seres superiores” que los miran, los analizan, los usan y los descartan fríamente, como cobayas, o como basura biológica de fácil e incesante sustitución. Por supuesto, una inversión tan intensa y planetaria de medios personales y materiales (el vigilante y la infraestructura que le permite vigilar) de tal calibre tiene que estar muy justificada por el beneficio que ellos (los “superiores”) saquen de su investigación, esto es, del ejercicio de su Poder exclusivo.

Pensemos: Si esos “dioses” en realidad son humanos normales, ya vengan del futuro, ya vengan de un planeta hermano, ya vengan de otra línea temporal, ¿para qué están ahí? No fomentan la evolución, no mejoran la organización social, no eliminan la violencia y la agresión, no asientan la ética, no reordenan la interrelación entre los humanos vigilados, no impiden las muertes inducidas, no impulsan sistemas que proporcionen una estancia vital segura, tranquila, evolutiva, progresiva (todo eso que puede concretarse en “feliz”) y que se extienda una Justicia para Todos integral y definitiva. Sólo abusan indecentemente de su posición (superior, suprema, tecnificada o como quiera definirse) permitiendo (cuando no fomentando) guerras, agresiones, desdichas, pérdidas, sangre y desesperación, generación tras generación. Saquen de ello lo que saquen: beneficios técnicos, aportes económicos, conocimientos secretos del medio, planificación de una invasión o de una entronización (¿faraones? ¿reyes mayas? tal vez en el pasado, o el presente o el futuro) que mantenga en un puño a los habitantes y los expriman (o los exprimen) para sus fines… total, si eso es lo que hacen sobre nosotros quienes detentan un Poder (el que sea, el que es), pues entonces lo repercutimos orgullosamente martirizando y matando a los animales, y así… somos diosecillos.

¡Qué difícil es ser Dios! Eso lo dijeron los hermanos Strugatsky, pero ¡por dios! que  lo suscribo, pues ha sido, y es, tan difícil y hasta parece imposible imponer la Justicia para Todos por parte de un Dios (o dioses) Justo, Ecuánime, Compasivo, Evolutivo y Sincero…  por lo que voy a permitirme realizar alguna modificación sin importancia del título al que me he referido: “y qué fácil es ser dios cuando se es injusto, permisivo, trapacero, incongruente, interesado, egoísta… etc.”

Porque ¡qué fácil es acaparar, usar y abusar del Poder!

Finalmente, los humanos parece que sólo estamos para servir, mantener y obedecer a otros humanos, que ¿por qué no? seguro que se creen Seres Superiores y así actúan con la población (ganado económico). Igual que, por contagio, la población así explotada consideramos que los animales (ganado biológico) están para servirnos, mantenernos y obedecernos a nosotros, con lo que en este caso ello comporta de Suprema Injusticia.

¡Qué difícil es ser nadie!


Sara Téllez para ACMAT-CERO

Enero de 2014.

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